samedi 1 août 2009

El Fortin-Leon


Un domingo del mes de julio llegamos al botadoro el Fortin-botadero principal de la ciudad de Leon-. El sol quemaba fuertemente sobre nuestras cabezas y el sudor corria sobre nuestras frentes. Pocos camiones habian llegado a botar basura y pocas personas se encontraban rebuscando en la basura, objetos que podrian vender a algun buen postor.

Dos niños jugaban cerca de donde estabamos parados. Corrian, brincaban y se reian, mientras tiraban al aire una botella de plastico grande, la cual les servia como pelota. Sus pies descalsos parecian acostumbrados al suelo tierroso y a las miles de bolsas plasticas que estaban regadas por todas partes. La alegria que reflejaban nos hizo pensar que no parecia importarles el escenario que los rodeaba.

Su papa, sentado en el suelo los observaba. Tenia los ojos rojos. Quizas acababa de llorar, o quizas el polvo de todos los dias le enrojecia los ojos. Parecia indiferente a nuestra presencia. Seguramente su mente divagaba en la recoleccion de la basura y en el dinero que necesitaria para darle de comer a los niños.

De lejos, su abuela los cuidaba. Al acercarnos, nos parecio relajada, serena, despreocupada que sus niños corrieran en un mar de basura. Bajo un arbol de mango, buscaba un poco la sombra, mientras nos hablaba pausadamente: “hoy ha sido un mal dia...pocos caminones han venido al Fortin a dejar basura...lo unico que encontramos fue una docena de papas y algunas pichingas”.

Los niños seguian jugando, el sol seguia quemando, un par de perros se sacudian las moscas de sus pelajes y la señora seguia contando: “por una pichinga solo nos dan unos 30 pesos, es poco, por eso cada dia venimos y rebuscamos en la basura por mejores objetos para vender...Sin embargo, la venta esta mala y cada dia vienen mas personas que nos hacen la competencia.

Uno de los niños interrumpio la conversacion.....: “abuela, abuela, ayudeme con la tarea”..... La abuela sonrio y orgullosa nos conto que los niños iban a la escuela y que pronto terminarian la primaria. En un instante, la abuela parecia indiferente a nuestra presencia y en un mar de polvo y de viento que olia a basura y a humedad, coloco una silla con una pata quebrada bajo el arbol de mango, donde amorosamente sento al niño y comenzo a hablare de paises lejanos, de tierras calidas, de niños chelitos, chinitos, gorditos, flaquitos, niños que jugaban tambien a la pelota y que se parecian a los niños y niñas que habian venido a visitarles hoy...

El niño nos miraba y sonreia...nosotros caminabamos lentamente hacia el bus, en un intento de no interrumpir mas sus quehacerses, sus actividades, sus vidas...sintiendonos impotentes que poco podriamos hacer por ellos....Los niños al vernos alejar, corrieron y antes de subirnos al bus nos estrecharon un abrazo de amistad, de alegria, un abrazo de niños que se sentian felices porque otros niños de ropa lavada y de camara en mano, habian venido a visitarles hoy...